Por Nathalie Lange
Cuando una se pregunta: “¿Quién fue la primera emprendedora formal del Paraguay?”, se comienza a adentrar en un pasaje de nuestra historia que muchas veces ignoramos o pasamos por alto.Remontémonos, a fin de responder a dicha pregunta, al Paraguay del siglo XIX.
Ejercía las funciones de presidente de la República el Mcal. Francisco Solano López y regía en el país la Constitución de 1844 y, en lo que a los derechos de las mujeres se refiere, el marco legal seguía fuertemente influenciado por el antiguo derecho hispano, sirviendo así de base jurídica las Siete Partidas y Leyes de Toro.
Las mujeres, en este escenario, eran consideradas “sujetos sin derechos plenos”, lo cual implicaba una dependencia legal casi absoluta del hombre. Si la misma era casada requería de una autorización o “venia” del marido para disponer de sus bienes, firmar cualquier tipo de contrato o ejercer el comercio (Leyes de Toro, del art. 54 al 61).Pero si la misma era soltera y tenía la mayoría de edad, que en aquel entonces era de 25 años, gozaba de una capacidad jurídica significativamente mayor: tenía libertad para disponer de sus bienes, celebrar contratos, comprar mercaderías, ser propietaria de chacras y tener personal a su cargo.
La misma suerte corrían en aquel entonces las viudas (Las Siete Partidas – Partida III y VI; la Novísima Recopilación de las Leyes de España– Libro X).En este contexto, emerge una figura femenina llamada Fulgencia Dolores Almirón Torres. Fulgencia nació en la ciudad de Limpio el 24 de febrero del año 1846.
Esta joven intrépida y audaz, de la cual tenemos muy poca información referente a su formación, logra, con tan solo 18 años, obtener su patente profesional como retratista.Fue el historiador Sebastián Scavone Yegros, quien descubrió en el Archivo Nacional de Asunción, el documento legal que indica que en fecha 6 de junio de 1864 se habilita dicha patente a la joven, convirtiéndola así en la primera persona paraguaya, hombre o mujer, en obtener el certificado de dicho oficio.Como podemos deducir, Fulgencia era aún menor de edad al momento de obtener su título de retratista.
Por esta razón, debió necesariamente requerir de la autorización de su padre para conseguirlo ya que la misma se encontraba aún bajo la Patria Potestad del mismo (Las Siete Partidas, Partida V, Título XI).No se tiene certeza de dónde ni cómo aprendió Fulgencia el arte de la fotografía. Ni siquiera hay registros de que haya recibido educación formal.
Tal vez, quedó embelesada admirando el arte de los fotógrafos extranjeros que venían a ofrecer sus servicios a la capital o quizás cayó en sus manos algún manual de fotografía que despertó su curiosidad.Lo cierto y concreto es que el 31 de diciembre de 1864 Fulgencia anunciaba la apertura de su taller fotográfico.
La comunicación se dio mediante un aviso en el Semanario de Avisos y Conocimientos Útiles, periódico oficial del Estado paraguayo, en el que manifestaba:«La que suscribe tiene el honor de poner al conocimiento del público de esta Capital sus servicios en calidad de retratista en fotografía, sea negativos o positivos en tarjetas o cajoncitos en varios tamaños, marcos, medallones &. &. el todo a precios muy equitativos, asegurando que pondrá todo el esmero posible para dar cumplimiento en los trabajos que los Sres. interesados quieren confiarle, su especial cuidado será el de pintar en debida forma con colores vivos dichos retratos a fin de que salgan en completa satisfacción los que les ocupan.
Tiene su laboratorio abierto en las horas útiles del día, en la Calle de la Asunción inmediato a la Iglesia de San Roque Nº 54.La abajo firmada ruega a los interesados que al hacer un paseo algo lejos del centro de la Capital no se incomoden, pues espera tener mediante eso más exactitud en sus operaciones, pues la luz más directa de esos lugares ayudará a que los retratos salgan con más perfecciones y semejanza.
Fulgencia Almirón».Este tipo de publicaciones, las cuales equivalen a los avisos comerciales actuales, tenían como finalidad formalizar el negocio ante la sociedad y visibilizar la capacidad técnica y profesional de la persona.Cabe resaltar que, en este mismo Semanario y en la misma fecha del anuncio de Fulgencia, fue publicada una nota editorial. En la misma se lee:«D. Fulgencia Almirón,hija del país, aficionada al arte fotográfico abre su taller de fotografía, ofreciendo al público sus servicios como retratista.¿Qué no podrán conseguir las mujeres?
Excusado es que se ponga obstáculos a sus pretensiones, y la prueba es, que ésta, a fuerza de constancia, ha logrado perfeccionarse en este arte y es la primera entre los hijos del país que ha aprendido. Hemos visto sus trabajos, y son buenos.¿Qué toca hacer ahora a los nacionales?Claro, es, proteger y estimular con nuestra concurrencia en su taller, para hallar justa recompensa sus afanes».
Esta publicación debería ser interpretada como una clara recomendación y un aval público de parte del medio oficial invitando a contratar los servicios fotográficos de Fulgencia, respaldando la calidad de los mismos y destacando su pericia, tenacidad y carácter disruptivo como mujer emprendedora formalizada.Si bien era una estrategia comercial común en la época que, seguidamente del anuncio del emprendedor o comerciante, el medio de prensa publique una recomendación oficial, este respaldo debió haber significado un empuje importante y necesario para que una joven de tan solo 18 años logre posicionarse en un oficio dominado por hombres, todos ellos extranjeros.
Fulgencia abrió su taller de fotografía en la calle Asunción N° 54 del barrio San Roque de la ciudad de Asunción, al lado de la Escuela de Primeras Letras de San Roque. Y nuevamente, al ser aún menor de edad, debió haber precisado la autorización por escrito de su padre para poder firmar un contrato de alquiler y abrir seguidamente su negocio.Pero Fulgencia no solo rompió barreras al ser la primera emprendedora paraguaya formal siendo aún menor de edad. Ella no solo se limitó a tener un taller fotográfico. Ella también tenía un laboratorio móvil con el que podía ir a retratar a las personas donde fuese necesario.
Ella, además, ofrecía una variedad de soluciones afines a su oficio: “fotografías, sean estas en negativo o positivo en tarjetas o cajoncitos en varios tamaños, marcos, medallones”. En síntesis, Fulgencia ofrecía un mix de productos y un portafolio de servicios para sus clientes “a precios muy equitativos”.Ella, ya en ese entonces, estaba utilizando las 4P del marketing tradicional para hacer crecer su negocio.
En aquella época, solamente dos talleres de fotografía estaban abiertos al público en Asunción: el de Fulgencia y el del francés Juan Estienne llegado de Corrientes en mayo de 1864, quien montó una galería en la casa número 36 de la calle de la Palma. En dicho local,Estienne no solo retrataba a sus clientes, sino que también ofrecía clases de fotografía, así como venta de equipos fotográficos. Una de las teorías sugiere que, dada la coincidencia temporal y geográfica, podría haber sido el fotógrafo Estienne quien haya instruído a Fulgencia en el arte de la fotografía.Lamentablemente el emprendimiento de Fulgencia duró poco tiempo.
Dió la triste casualidad que la guerra de la Triple Alianza inició al mismo tiempo que su negocio. Y el 22 de febrero de 1868, en plena Campaña de Humaitá, el vice-presidente Domingo Francisco Sánchez emitió un decreto oficial que declaraba a la capital como “Punto Militar” y ordenaba la evacuación total de la población civil en un plazo de 48 horas.Podemos imaginar que Fulgencia, al igual que cientos de personas, salió presurosa de Asunción, abandonando su tan preciado taller, llevándose consigo solo lo indispensable. Todo lo que quedó en Asunción fue saqueado o destruido no quedando registro alguno de sus trabajos.Gracias al hallazgo del historiador Sebastián Scavone tenemos la documentación probatoria de que Fulgencia mantuvo su patente activa al menos entre 1865 y 1867, pagando los impuestos correspondientes al Estado paraguayo. Este descubrimiento es el que aporta la pieza clave para demostrar que su negocio cumplía con todos los requerimientos de la época para ser considerado “formal”.Fulgencia y su madre Victoriana figuran también como donadoras de sus joyas para la defensa nacional durante la Guerra de la Triple Alianza.
El registro data del 24 de febrero de 1867 y se encuentra apuntado en los Libros Mayores de la Colección Rio Branco en donde se apuntaban detalladamente las alhajas entregadas por las mujeres paraguayas a favor de la defensa de la patria.Fulgencia nunca más pudo retomar su oficio de fotógrafa. El estado de devastación en el que quedó nuestro país la imposibilitó de proseguir su pasión.
Una vez finalizada la contienda, vivió de manera humilde en Limpio, dedicándose a la agricultura y a la cestería para poder subsistir. También consta que, aunque permaneció soltera, tuvo dos hijos naturales: Faustina y Manuel Almirón. Falleció el 20 de junio de 1921 a los 75 años.A pesar de sus circunstancias finales, esta mujer vanguardista tiene mucho para enseñarnos.
En una época donde la instrucción, las oportunidades y los derechos de las mujeres eran mínimos, Fulgencia, con tan solo 18 años y una enorme dosis de valentía, pasión y determinación fue probablemente la primera emprendedora paraguaya formalizada al obtener una patente profesional y pagar los derechos comerciales (años 1865 a 1867) para ejercer dicha profesión liberal de manera independiente en su taller fotográfico. También es considerada la primera persona (hombre o mujer) en el país en obtener el registro profesional de retratista, reconocida y avalada por el medio escrito oficial de la época.Si una mujer en aquella época fue capaz de derribar todas esas barreras a su corta edad, ¿cuánto más nosotras con todo el terreno conquistado de aquel entonces a la actualidad? Conocer su historia y las circunstancias en la que se desarrollaron debe servirnos de inspiración y modelo.
Debemos entender que no existen límites cuando una mujer tiene una visión y un propósito claros, una determinación inquebrantable y, sobre todo, mucho entusiasmo acompañado de una inagotable curiosidad.Como bien escribió el columnista anónimo del Semanario de Avisos y Conocimientos Útiles, ya en el siglo XIX:“
¿Qué no podrán conseguir las mujeres?”
Bibliografía
https://portalguarani.com/3485_fulgencia_almiron__/36646_el_fugaz_fulgor_de_fulgencia__por_sebastian_scavone_yegros__domingo_03_de_diciembre_de_2017.htmlArchivo Nacional de Asunción ANA – SH 3272ANA – LIBRO MAYOR 1, Letra A, San Roque, p. 21, «Victoriana Torres de Almirón con su hija Fulgencia Almirón. / Una cadena de lentejuela de oro de peso de 1 ½ onza. / Un zarcillito con chorro de coral engarzado en oro y peso de 1 adarme

